La escucha tiene valor moral cuando es un acto desinteresado. Es la más difícil, pero la única que realmente se olvida del ego. Entonces, es un acto contracultural, un fenómeno extraño que rompe la lógica del farisaísmo. Debemos escuchar a los desatendidos, aquellos que hablan lentamente, que cuentan sus fragmentaciones, explican sus dramas y sufren la soledad. En ocasiones, no exigen nada más que un oído amable.Escuchar a los seres vulnerables es una exigencia de hu-manidad, pero, además, es un modo de conocer el lado oscuro del ser humano, el otro rostro de la vida [...]. Tenemos que aprender a escuchar el silencio de los otros porque, en ocasiones, no hay palabras para narrar lo vivido: la densidad de lo vivido es de tal dimensión que, simplemente, faltan o sobran palabras. En tales casos, debemos escuchar atentamente el silencio, porque el silencio no es el mutismo, es otro modo de decir algo [...].
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